miércoles, febrero 24, 2021
REVISTA INTERNACIONAL DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS, MEDIACIÓN, NEGOCIACIÓN Y DIÁLOGO
PUBLICACIÓN TRIMESTRAL DEL INSTITUTO DE MEDIACIÓN DE MÉXICO

A propósito de Estados Unidos, y cómo construir paz sustentable

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Estados Unidos interpela a los constructores de paz. La autora propone replantearse dos presupuestos sobre los que descansa una paz duradera. Es tiempo de afinar oídos.

• Por CECILIA MILESI
Fundadora de Global Change Center, experta en políticas de prevención de conflictos y derechos humanos.

Hace pocos días el mundo se estremecía al observar impávido lo que parecía algo imposible: el edificio del Congreso de los Estados Unidos era invadido y atacado por varios cientos de ciudadanos desatados, mientras una policía débil parecía darles paso. Aparentemente, varios de los protestantes actuaron con la intensión de asesinar a los parlamentarios que, adentro, intentaban ratificar el resultado de las elecciones presidenciales (1). Otros, simplemente, avanzaban indignados siguiendo el llamamiento a resistir, apasionados ante la arenga de Donald Trump desde un podio a pocos metros.

En algunas horas, las certezas sobre la fortaleza de las instituciones democráticas de Estados Unidos, la narrativa sobre la impoluta garantía de la ley y los procesos supuestamente ordenados que sostienen a este país –reverenciados por muchos y mostrados como ejemplo en el resto del mundo–  se desvanecían a la misma velocidad con la que los grupos de extrema-derecha rompían vidrios, o la efectividad instantánea de la selfie de un fanático cómodamente sentado en uno de los escritorios de la legisladora Nancy Pelosi, dando vuelta al mundo en segundos gracias a Twitter. 

En este contexto, emergen con fuerza, preguntas que debemos hacernos sobre nuestras creencias, supuestos, formas de trabajar para construir la paz y los cambios necesarios que, muchas como yo, mascullamos en silencio o a voces (dependiendo la oportunidad). Mucho se dijo y escribió en estos pocos días desde el ataque. Sin embargo, en este breve artículo me atrevo a reflexionar inicialmente sobre dos puntos que merecen atención, indagación y cuestionamiento sinceros. Especialmente si queremos seguir trabajando de manera comprometida y realista por una paz global sustentable.

Organizaré estas reflexiones en dos puntos clave: uno, la necesidad de reconstruir los parámetros y mecanismos de gobernanza, rendición de cuentas mutua y diálogo internacional si queremos construir paz duradera; y otro, la obligación de expandir la forma en que analizamos y facilitamos diálogos y procesos de paz.

Construir paz duradera: una nueva gobernanza global como prerrequisito

Lo primero que llama la atención es que, de verdad, hoy se considera que hay chances de que esta polarización política en los Estados Unidos devenga en un conflicto violento (aún más violento), con posibles muertos y ataques mortales durante los próximos días y meses. La enorme cantidad de armas de fuego en manos de los ciudadanos es lo que facilitaría estos ataques.

Estos datos son para analizar: según Small Arms Survey (2), los estadounidenses representan el 4 por ciento de la población mundial, pero poseen alrededor del 46 por ciento de las 857 millones de armas estimadas en manos de civiles. La principal fuerza de compra de armas de todo el mundo son los ciudadanos de Estados Unidos. Ellos son quienes compran aproximadamente 14 millones de nuevas armas todos los años, expresó Aaron Karp –investigador principal de Small Arms Survey, en una entrevista reciente– (3). La principal razón por la que puede darse este fenómeno es, simplemente, porque los controles para la compra de armas son casi inexistentes. Así, uno podría argumentar que, de hecho, en Estados Unidos se ha creado una milicia paralela al poder del Estado con la capacidad de asesinar.

Uno podría argumentar que, de hecho, en Estados Unidos se ha creado una milicia paralela al poder del Estado con la capacidad de asesinar

Según algunos informes recientes (4), este proceso de acopiamiento de armas en manos de civiles fue en aumento en las últimas semanas, mientras las tensiones políticas pre-electorales se acrecentaban. El proceso y la transición electoral es un punto de inflexión en que los odios identitarios –nutridos más intensamente durante los últimos años de gobierno de Trump–, podrían explotar en confrontaciones más intensas cuerpo-a-cuerpo entre ciudadanos estadounidenses. El panorama no se simplifica si se considera el comportamiento de una policía racista que hizo uso excesivo de la fuerza de manera constante dando nacimiento a movimientos sociales como Black Lives Matter (5).

En este contexto, emerge la pregunta de ¿por qué el silencio de los países occidentales ante esta situación? ¿Por qué el silencio sobre este tema en las discusiones dentro del ámbito de los constructores y los facilitadores de procesos de paz?

Por un lado, los países más poderosos (occidentales) parecen hacer ojos y oídos sordos al proceso armamentista in crescendo en Estados Unidos; en contraposición, Estados Unidos y sus socios continúan dando lecciones e imponiendo disciplinamiento para el desarme y el control de armas en los países del sur, ya sea a través de sanciones múltiples o de directivas programáticas guiando políticas y programas de paz. La supuesta fragilidad en la que son encasillados los países del sur y la fortaleza con la que es definido y, tal vez, hasta venerado Estados Unidos, no es conducente a un accionar transformador basado en el pensamiento crítico y la horizontalidad necesarias para una gobernanza dialógica, transparente y basada en un control mutuo entre países. Una gobernanza global en la que todos los países sean monitoreados y controlados para dar mayores garantías para una paz duradera, por ejemplo.

De este modo, esta doble vara para medir a los países no pareciera alentar a un compromiso con la paz duradera. La inseguridad y la inestabilidad en Estados Unidos –al ser país miembro del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y también poseedor de armas nucleares– no pueden ser buenas noticias para nuestra humanidad.

Como profesionales de la paz, es preciso que reflexionemos sobre cómo críticamente colaboramos para que estas asimetrías en la gobernanza y las narrativas no nos conduzcan a un camino sin salida en que nos volvemos permisivos con actores y procesos peligrosos a todo nivel. En breve, debemos pensar en cómo influenciar en políticas públicas nacionales como internacionales que hagan del control mutuo entre los países un pilar de la estabilidad y la paz global.  Sin dobles estándares, sin preconcepciones lineares de graduaciones dudosas. Todos los países estamos en constante transición. Defender la democracia y la paz es un trabajo de todos los días, en todos lados. Sin excepción.

La esencial obligación: análisis sistémico de los conflictos y las exclusiones

El comportamiento fanático de los grupos de extrema derecha y las dificultades y divisiones que se visualizan en los Estados Unidos debido al racismo rampante (6) –que parece vencer a los años de construcción institucional y de cambio cultural desde el fin de la guerra civil, la abolición de la esclavitud y el movimiento por los derechos civiles– nos compele a preguntarnos si nuestra practica de construcción de paz es realmente efectiva en su apoyo al cambio de procesos culturales e identitarios más profundos.

¿Pueden los procesos de mediación o facilitación de diálogos de-construir segregaciones acumuladas que se potencian en la exclusión económica de un capitalismo estadounidense que parece que no logra perpetuarse sin exacerbar inequidades múltiples?

No hay práctica pro-diálogo y pro-encuentro que valga la pena si seguimos defendiendo un modelo capitalista concentrado que, también en lo socioeconómico discrimina y deja sin sentido de pertenencia a grupos varios. En este sentido, por ejemplo, un reciente informe muestra las mayores probabilidades de ser pobre de una persona negra así como otro tipo de violencias sistémicas (7). Al mismo tiempo, la población joven blanca –especialmente que no está asociada al capitalismo financiero y de servicios de las grandes ciudades de Estados Unidos– se ve cada vez más desconectada de un sentido de pertenencia, depositando energía en grupos religiosos, típicamente evangélicos. En este contexto, es preciso evaluar cómo nuestro compromiso, también, tiene que estar puesto en apoyar aquellas políticas que generen distribución de recursos, poder y oportunidades económicas entre todos/as.

Si continuamos trabajando considerando las premisas de racionalidad en la toma de decisiones, desmereciendo el rol que juegan las emociones, nuestro impacto será mínimo”

Del mismo modo, la forma de actuar, organizarse (por ejemplo, a través de redes sociales) y la virulencia de los argumentos y las ideas de los grupos extremistas –llegando hasta el punto de que muchos están listos para dejar la vida con tal de defender su estilo de vida blanco– nos debería interpelar sobre las limitaciones de nuestra profesión en esta coyuntura: si continuamos trabajando considerando las premisas de racionalidad en la toma de decisiones, desmereciendo el rol que juegan las emociones pero también los traumas que devienen en psicosis y neurosis diversas, y cómo estos se expresan en los medios masivos actuales… nuestro impacto será mínimo: solo entablaremos diálogos con aquellos que, más bien, se parecen a nosotros –seres pensantes que pueden poner en la balanza opciones y tomar libremente algunas determinaciones que tengan en cuenta los intereses propios y ajenos–. Las escuelas de pensamiento racionalistas sobre la mediación y el diálogo están quedando caducas en este contexto que se resquebraja entre gritos, golpes, balaceras y banderazos. Es preciso ampliar la mirada y la práctica de manera radical.

Nuestro trabajo debe conjugar y apostar a transformar la realidad en sus múltiples niveles, con una mirada política holística. Para lograrlo debemos apostar a un mayor pensamiento crítico y expandir las herramientas que tenemos a la hora de pensar los proyectos y la colaboración en red para alcanzar un paz sustentable. ¡Ahora es cuando! [T]

REFERENCIAS:
(1) “Capital rioters planned to kill officials, say prosecutors”, The Guardian, 15th January 2021: https://www.theguardian.com/us-news/2021/jan/15/capitol-rioters-planned-capture-kill-officials-say-prosecutors
(2) Small Arms Survey es un proyecto de investigación global independiente con sede en Ginebra, Suiza: http://www.smallarmssurvey.org/
(3) “Americans own nearly half world’s guns in civilian hands: survey”, Reuters, 2017: https://www.reuters.com/article/us-usa-guns-idUSKBN1JE220
(4) “US guns and amunitation soars ahead of election”, Financial Times, 2020: https://www.ft.com/content/b351aa1c-5fe2-4196-9b69-f5a570c91dd1. Sitio oficial del Movimiento social “Black Lives Matter” con mas información: https://blacklivesmatter.com/
(5) Sitio oficial del Movimiento social Black Lives Matter con más información: https://blacklivesmatter.com/
(6) Algunos datos muy interesantes sobre este crecimiento del extremismo de derecha pueden accederse en este artículo, “The rise of far-right extremism in USA” by Seth G. Jones: https://www.csis.org/analysis/rise-far-right-extremism-united-states
(7) “George Floyd: 4 datos que muestran la profunda desigualdad entre blancos y negros en Estados Unidos”: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52881278

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