viernes, septiembre 24, 2021
REVISTA INTERNACIONAL DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS, MEDIACIÓN, NEGOCIACIÓN Y DIÁLOGO
PUBLICACIÓN TRIMESTRAL DEL INSTITUTO DE MEDIACIÓN DE MÉXICO

A raíz de la protesta cubana

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Sorpresivo fue este julio pasado. La protesta emergió en Cuba. En la dictadura monolítica, se abrió la grieta y dejó escuchar la voz de un malestar largamente acumulado. Aquí presentamos una crónica honda, sentida y personal. Una nota en clave de una sensibilidad depurada.

  • Por JOSÉ LUIS MONTOTO, abogado, docente, mediador y especialista en Derecho de Alta Tecnología. Director del Centro Judicial de Mediación del Poder Judicial de Misiones.

Cinco franjas veras niña, y un triángulo punzó de la estrella que brillo de mi Cuba en la campiña. Con estos versos mi abuelo, un gallego que llegó a Cuba para trabajar y poder pagar un dinero para que otro fuera a la guerra de Marruecos, es que conoció lo que era Cuba, fue a través de sus ojos, llenos de mar, de malecón, del teatro hecho con piedras llevadas de Galicia. Y que me decía: Martí no debió de morir.

La Cuba a la que le dedicó 14 años de su vida, en la que se casó y tuvo cuatro hijos -todos muertos por razones de salud de la época-, en la que de cortador de caña pasó a tener una empresa de Vitraux de plomo corrido, en la que se pudo comprar un traje blanco con Sombrero Panamá, para pasearse por la Plaza del Congreso o el Parque Central de Santiago, un domingo a la mañana… y de la que se fue por amor a su esposa que, luego de recuperarse de la tuberculosis en la parroquia de Alais (Castro Caldelas, Galicia), lo llamó a que venga a la Argentina. Cruza el recientemente inaugurado Canal de Panamá, y desde Valparaíso (Chile) llegará en tren a Buenos Aires, donde empezó de cero.

Hasta el día de su muerte, hace ya más de cuarenta años, añoró volver a su amada Cuba, donde vivía la gente más buena y honesta del mundo, según sus dichos.

Un presente tortuoso

También es allí donde hoy se vive momentos muy difíciles, cargados de muchas historias como la de mi abuelo, algunas hermosas y románticas, otras impensablemente duras, porque cuando los dispositivos de violencia inician su camino solo mucho amor a la paz y a la libertad pueden detenerlos.

No existe razón que justifique una gota de sangre derramada, un empujón, un insulto… Y eso va para las relaciones personales, familiares o la gran familia que es un país. El problema son los costos en vidas, emociones, dolor, angustia, tristeza, que trae la violencia, que, no nos engañemos, busca destruir.

En la construcción de espacios de paz, de diálogo fecundo, los gobiernos tienen la gran responsabilidad, que debe ser garantizada seguramente, por el orden constructor de sentido democrático.

La restauración del orden en democracia no puede ser la reacción que acalle conflictos escalados; que la legitimidad de los mismos, no puede ser razón que justiprecia la posibilidad de su reconocimiento. Existen, y ello merece su escucha activa, generosa, que pondere posibilidades de transformación en paz, por medio de la satisfacción del mínimo que se construya, en un espacio de diálogo productos de reconocimiento, de legitimación, de selecciones que devuelvan al entorno, ya complejo, mayores complejidades conductoras de libertad.

Romper el embargo de la libertad

Hoy, duelen todos los dolores de un Cuba llamada a romper un embargo, que toca cada segundo de su existencia, un embargo de libertad, para ser lo que quiera y cambiar lo que no quiera.

La tarea no tiene mayores dificultades, solo requiere la gente buena y honesta que, según dijo mi abuelo, a Cuba le sobra.

“Hoy, duelen todos los dolores de un Cuba llamada a romper un embargo, que toca cada segundo de su existencia, un embargo de libertad, para ser lo que quiera y cambiar lo que no quiera”

Y, si Martí indicara nuevamente el camino, pues él cultiva una rosa blanca, tanto para el amigo sincero como para el que le arranca el corazón (1). Cuba debe llenarse de rosales blancos, de cuidadores y cultivadores, que lleven rosas blancas a los encuentros que deconstruyan los embargos.

Y es no importa, si la cabeza me la pisa una bota del pie derecho o izquierdo. Ni tampoco si es una zapatilla Nike, hecha en China o un zapato del Corte Inglés, como pude leer en un post, en algún lado de esa maravilla de tensión democrática que puede llegar a ser Internet. Es esa Red que pone nodos, centros, por miles, que posee el poder de difusión instantáneo, la réplica inmediata, y que casi nos lleva a sentir la brisa fresca mezclada de vahos cálidos del verano en una noche llena de tiempo, en el Malecón. Y los gritos silenciosos y a veces no tanto, de quienes no pueden seguir esperando, pues no saben qué esperar o quizá lo saben en demasía.

Nuestra Hispanoamérica, mal que nos/les pese, tiene esperas largas, más propias de un aborigen o un segador de Galia o Andalucía, que de un anglosajón; será la impronta panteísta, teñida de catolicismo, que nos dice que Dios proveerá, tan lejana de la ética protestante que busca otros resultados en esta tierra. Pero, cuando las espinas se clavan en las entrañas de la patria, es mejor cultivar rosas blancas y no mancharlas jamás con la sangre de quien me da su mano franca.

La Habana, Camagüey, Santiago, San Antonio de los Baños o Pinar del Río, iniciaron un nuevo periodo especial, de paz, que seguramente llevará años construir, ya que las expectativas que todos tienen hoy no se cumplirán (2), pero como también dijo el maestro Maturana, El futuro de la humanidad no son los niños, somos los mayores con los que se transforman en la convivencia (3).

Los nuevos revolucionarios traen paz y los nuevos revolucionarios arengan diciendo: Si creamos un espacio que acoge, que escucha, en el cual decimos la verdad y contestamos las preguntas y nos damos tiempo para estar allí con el niño o la niña, ese niño se transformará en una persona reflexiva, seria, responsable, que va a escoger desde sí (4).

Qué hermosa oportunidad, casi tan bella como Cuba, con todo lo que seguramente tiene y lo que le falta. [T]

REFERENCIAS:

  • Poema: “Cultivo una rosa blanca”, José Martí

Cultiv una rosa blanca

en junio como en enero

para el amigo sincero

que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca

el corazón con que vivo,

cardo ni ortiga cultivo;

cultivo la rosa blanca.

  • Pero las expectativas nunca se cumplen, ni las propias, ni las ajenas. Lo cual es bueno. Uno puede escuchar sin prejuicios, sin supuestos, sin exigencias y uno puede hablar también desde la espontaneidad. Humberto Maturana.
  • https://www.educarchile.cl/humberto-maturana
  • Idem. Anterior.

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