jueves, febrero 25, 2021
REVISTA INTERNACIONAL DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS, MEDIACIÓN, NEGOCIACIÓN Y DIÁLOGO
PUBLICACIÓN TRIMESTRAL DEL INSTITUTO DE MEDIACIÓN DE MÉXICO

Antireportaje / «Se podría relacionar la crisis con el momento de la verdad»

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El afamado autor del best selller mundial Armas, gérmenes y acero (premio Pulitzer), y también de Colapso, donde realiza una reflexión descarnada sobre la situación de nuestro medio ambiente y el futuro de la especie humana, conversa sobre su último libro Crisis. Cómo reaccionan los países en los momentos decisivos. La conversación tiene entera actualidad pues la crisis parece ser no solo el estado de muchos países, con mayor razón tratándose de este periodo de pandemia con el coronavirus, sino del propio planeta. A continuación las palabras a la vez reveladoras como apasionantes de Jared Diamond, miembro de la Academia Nacional de Ciencias y de la Sociedad Filosófica de Estados Unidos.

PREGUNTA. Crisis, crisis, crisis… palabra comodín o una realidad virulenta, ¿qué debemos entender por lo que los griegos denominaban Krisis?

RESPUESTA. Se podría relacionar la crisis con el momento de la verdad: un punto de inflexión en el que la diferencia existente entre las condiciones que se observan antes y después de dicho momento es mucho mayor que la que existe entre la fase anterior y posterior de la mayoría de todos los demás momentos.

P. Tracemos una distinción: hay crisis personales y crisis nacionales, ¿puede explicarnos la primera?

R. Uno puede observar que las crisis personales surgen de distintas formas y por causas distintas, y también que siguen trayectorias distintas. Algunas se presentan en forma de una conmoción imprevista, como la muerte repentina de un ser querido o un despido laboral sin preaviso o un accidente grave o una catástrofe natural.

P. ¿Qué contribuye a establecer una mayor o menor probabilidad de resolución de las crisis personales?

R. Lo primero, el reconocimiento de encontrarse en una situación de crisis. Este es el factor determinante para que las personas inicien una terapia de crisis. Lo segundo, la aceptación de la responsabilidad personal, pues una vez que la persona en cuestión lo ha reconocido (Tengo un problema), es que consiga asumir también la responsabilidad de su resolución. Lo tercero, la construcción de un cercado, es decir, identificar y delimitar el problema que hay que resolver. Lo cuarto, obtención de ayuda de los demás, ya que existen personas que se complican mucho las cosas al intentar resolver una crisis sin contar con ninguna ayuda. Lo quinto, adopción de los demás como modelo. Tal como hemos descubierto muchos de los que hemos tenido que capear una crisis, conocer a alguien que se haya enfrentado a una situación parecida supone una gran ventaja. Lo sexto, la fortaleza del ego y tiene que ver con la capacidad de tolerar emociones fuertes, mantenerse centrado en condiciones de estrés, saber expresarse libremente, percibir la realidad correctamente y tomar decisiones sensatas. Lo séptimo, una autoevaluación honesta. Lo octavo, la experiencia de crisis anteriores. Lo noveno, la paciencia, o sea la capacidad de tolerar la incertidumbre, la ambigüedad y los fracasos. Lo décimo, la flexibilidad. Y sumaría dos factores más: los valores centrales personales y la ausencia de constreñimientos.

P. ¿Existen paralelismos entre las crisis personales y nacionales?

R. Por supuesto. Los países como las personas pueden reconocer o negar su estado de crisis. Tanto los países como las personas pueden aceptar su responsabilidad nacional o individual en la toma de medidas para resolver el problema, o bien soslayarla refugiándose en la autocompasión, echando la culpa a los demás o asumiendo un papel de víctima. Los países, igual que las personas, pueden hacer o no una autoevaluación honesta.

P. Pero existirán algunas diferenciar en la manera de gestionar las crisis personales de las nacionales?

R. Los países difieren en sus formas de enfrentarse al fracaso y en su predisposición a explorar soluciones alternativas a un problema en caso de que el primer intento fracase. Pensemos, por ejemplo, en las formas diametralmente distintas de reaccionar a la derrota militar que adoptaron Alemania tras la Primera y tras la Segunda Guerra Mundial, Japón tras la Segunda Guerra Mundial y Estados Unidos después de la guerra de Vietnam. Las personas difieren también en su grado de tolerancia al fracaso, o al fracaso inicial, y a menudo nos referimos a esa característica personal como paciencia.

P. ¿Y tienen las crisis nacionales características muy propias, ausentes en las crisis personales?

R. Las crisis nacionales plantean otra serie de preguntas que no surgen en absoluto, o lo hacen solo como analogías vagas, en las crisis individuales. Entre estas están: el papel crucial de las instituciones políticas y económicas nacionales; el papel que desempeña el líder o los dirigentes nacionales en la resolución de una crisis; cuestiones más generales sobre la toma de decisiones colectivas; el hecho de si la crisis nacional desemboca en la implantación de cambios selectivos por medio de una resolución pacífica o a través de una revolución violenta; la cuestión de si se introducen simultáneamente distintos tipos de cambios como parte de un programa nacional unificado o de si estos cambios se implantan por separado y en momentos distintos; en fin, la cuestión de si la crisis nacional la han provocado desencadenantes internos de la propia nación o alguna conmoción externa ocasionada por otros países; y el problema de conseguir la reconciliación entre las partes en conflicto.

P. Sacando lecciones del pasado y tomando una perspectiva para evaluar el presente, quisiera irle planteando algunos de los factores que mencionó y tener una reflexión suya, ¿le parece?

R. Adelante.

P. Me parece un elemento central y también lo ha destacado, ¿qué sucede con el reconocimiento de encontrarse en una situación de crisis?

R. Reconocer esta situación resulta más sencillo para los individuos que para los países, porque en el primer caso no es necesario que exista un consenso entre muchos ciudadanos. Y otra complicación adicional: un país lo integran muchas personas que pertenecen a grupos distintos y también unos pocos líderes y numerosos seguidores. Estos grupos, y los líderes y seguidores, suelen tener posturas distintas acerca de este reconocimiento. Igual que los individuos, los países pueden ignorar, negar o minimizar el problema en un momento inicial, hasta que tiene lugar algún suceso externo que pone fin a la fase inicial.

P. Planteo otro factor que me parece crucial, la autoevaluación honesta…

R. De hecho, realizar una autoevaluación honesta requiere dos pasos. Primero, el individuo o el país deben estar en posesión de una información correcta y precisa. El segundo paso es evaluar esa información también con honestidad. Por desgracia, cualquier humano que esté familiarizado con la conducta habitual de los países o de los individuos sabe que el autoengaño es moneda común en los asuntos humanos.

P. La flexibilidad nacional ante situaciones específicas…

R. Al caracterizar a las personas, los psicólogos emplean una dicotomía entre la flexibilidad y la rigidez. La flexibilidad personal supone que una persona está dispuesta a considerar enfoques nuevos y distintos para un problema. La rigidez implica que dicha persona cree que solo existe un único enfoque para un problema.

P. Mirando nuestro presente y futuro inmediato, ¿existen más razones para el optimismo o para el pesimismo, es decir, para pensar que habrá menos o más crisis nacionales?

R. Las crisis, en particular, han supuesto un reto para muchos países en el pasado. Siguen siéndolo hoy. Pero ni nuestros países actuales ni nuestro mundo actual tienen por qué andar a tientas en la oscuridad mientras intentan resolverlos. El conocimiento de los cambios que han funcionado antes, y de los que no lo hicieron, pueden servirnos de guía.

“Solo los estadounidenses podemos destruirnos a nosotros mismos”

P. En su libro analiza la situación de diversos países que atravesaron por crisis nacionales como Finlandia, Japón, Alemania, Indonesia, Australia y, en nuestra región, Chile; pero también se detiene en dos crisis en proceso como la japonesa y la estadounidense, detengámonos en esta última por sus implicancias globales.

R. Está el acelerado deterioro de la cultura política de la negociación y el acuerdo político, que se retroalimenta, pues provoca que solo la gente con ideologías intransigentes quieran ponerse al servicio del Gobierno como representante electo.

P. ¿Cuáles son las causas de esta tendencia?

R. Una de ellas es el aumento astronómico del coste de las campañas electorales, que provoca que los donantes sean hoy más importantes que nunca. Otra es la manipulación de la circunscripción electoral que consiste en redibujar el contorno geográfico de los distritos censales de un estado para favorecer a un partido concreto, asegurándole una proporción de representantes electos más alta que la proporción de todo el estado que ha votado por él; sobre todo los gobiernos de estados controlados por los republicanos se han dedicado con cada vez mayor frecuencia al rediseño de dichos límites.

P. En varios países latinoamericanos  se habla cada vez con mayor recurrencia de polarización, ¿también se tiene en Estados Unidos este fenómeno divisivo?

R. Es la población estadounidense en general la que se está polarizando y mostrando una mayor intransigencia política. Las costas y las grandes ciudades son hoy mayoritariamente demócratas y las zonas rurales y del interior mayoritariamente republicanas.

P. ¿Y qué sucede con los partidos?

R. Ambos partidos políticos se están volviendo cada vez más homogéneos y más extremos en su ideología: los republicanos son más conservadores y los demócratas cada vez más liberales, mientras la presencia de los sectores moderados disminuye en ambos partidos.

P. En las movilizaciones de protesta que se sucedieron a raíz de la crisis financiera, o lo que se conoce como el Ocuppy Wall Street, cobró relevancia el tema de la desigualdad…

R. Entre las grandes democracias, la que muestra mayores tasas de desigualdad es Estados Unidos. Esto se debe a que la redistribución es menor en Estados Unidos que en otras grandes democracias, pues los estadounidenses creen que su país es una meritocracia en la que cada persona obtiene la recompensa que sus capacidades individuales le han permitido alcanzar.

P. ¿Cuándo se tomará por fin en serio sus problemas Estados Unidos?

R. Cuando los estadounidenses ricos y poderosos se den cuenta que nada de lo que hagan podrá garantizar su seguridad si la mayoría de sus compatriotas siguen sintiéndose frustrados, enfadados o (con buenas razones para ello) desesperados.

P. ¿Qué va a pasar con Estados Unidos?

R. Las enormes ventajas fundamentales de las que disfrutamos nos dicen que nuestro futuro puede seguir siendo tan brillante como lo fue nuestro pasado si nos decidimos a hacer frente a los obstáculos que nosotros mismos estamos favoreciendo. [T]

ACLARACIÓN: El antireportaje es una técnica periodística que consiste en simular una entrevista a un personaje público a través de extractos textuales de unos o varios de sus libros para hacer más accesible su pensamiento.

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