domingo, noviembre 27, 2022
REVISTA INTERNACIONAL DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS, MEDIACIÓN, NEGOCIACIÓN Y DIÁLOGO
PUBLICACIÓN TRIMESTRAL DEL INSTITUTO DE MEDIACIÓN DE MÉXICO

ANTIREPORTAJE / PAUL COLLIER, economista británico:

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El futuro del capitalismo

¿Cómo afrontar las nuevas ansiedades?

Paul Collier es profesor de Economía y políticas públicas en la Blavatmik of Government de la Universidad de Oxford. Asimismo, es director del International Growth Centre, director y uno de los fundadores del Centre for the Study of African Economies (CSA), miembro del St. Anthony´s College, y exdirector del grupo de Investigación y Desarrollo del Banco Mundial. Su libro El club de la miseria (2007) fue galardonado con el Premio Lionel Gelber, pero sobre todo, se trata de un brillante estudio sobre qué falla en los países más pobres del mundo.

PREGUNTA. Tomemos al toro por las astas, ¿qué pasa con el capitalismo moderno?

RESPUESTA. El capitalismo moderno tiene el potencial de conducirnos a todos hacia una prosperidad sin precedentes, pero se halla moralmente en quiebra y se encamina a la tragedia.

P. ¿Tragedia?

R. Los seres humanos necesitan una meta y el capitalismo no se la proporciona; aunque podría. El verdadero propósito del capitalismo moderno consiste en permitir la prosperidad de las masas. Quizás porque nací pobre y trabajo con sociedades pobres, sé que es un objetivo que merece la pena. Pero no es suficiente. En una sociedad de éxito la gente florece cuando puede combinar la prosperidad con un sentido de pertenencia y estima.

P. ¿Estima?

R. El hombre social se preocupa por lo que los demás piensan de él, pues desea la estima, y además todavía es racional –maximiza la utilidad–, pero no solo obtiene utilidad de su consumo, sino de la estima.

P. Si lo entiendo bien, ¿Ud. aboga, como planteo Adam Smith en La teoría de los sentimientos morales, unir moralidad y economía?

R. El paso del egoísmo del hombre económico a la persona motivada por las obligaciones que se reconoce como parte de un nosotros, y una comunidad en la que la gente no ve a los demás con miedo o indiferencia, sino que se presupone una consideración mutua.

P. Es decir, ¿necesitamos que el capitalismo se recargue moralmente para legitimarse socialmente?

R. Hemos comenzado con el déficit moral al que se enfrenta el capitalismo moderno, esto es, una sociedad puede prescindir de la moralidad porque el interés propio nos llevará al nirvana de la prosperidad masiva. La codicia es buena porque, cuanto mayor sea el deseo, la gente trabajará más duro, y así todos seremos más próspero. Hemos recorrido un largo camino desde esa proposición. Somos seres sociales, ni hombres económicos, ni santos altruistas. Anhelamos la estima y la pertenencia, que representan la base de nuestros valores morales.

P. Frente a las fallas morales del capitalismo hay quienes plantean su defunción, ¿esta es una alternativa?

R. Este es el plan: el capitalismo necesita ser gestionado, no derrotado; porque aceptar el capitalismo no es hacer un pacto con el diablo. Si el capitalismo tiene que funcionar para todo el mundo, debe gestionarse de manera que, además de productividad, proporcione un objetivo.

Las nuevas ansiedades

P. Pongamos el foco en otro tema sobre el que su libro se extiende. Existen grietas que están desgarrando el tejido de nuestras sociedades, ¿qué implican?

R. Para empezar, están provocando nuevas ansiedades e iras en la gente, y nuevas pasiones en política. Ahora bien, las bases sociales de esas ansiedades son geográficas, educativas y morales. Son las regiones rebelándose contra la metrópolis. Son quienes tienen menos estudios rebelándose contra los que tienen más. Son los trabajadores precarios rebelándose contra los gorrones y los captadores de rentas. El provinciano esforzado y con menos estudios ha sustituido a la clase trabajadora como fuerza revolucionaria de la sociedad: los sans culottes han sido reemplazados por los sans chic.

P. Pero, ¿qué enfada a esta gente?

R. En Estados Unidos, Europa y Japón las áreas metropolitanas han adelantado al resto de la nación. No solo se están volviendo mucho más ricas que las provincias, sino que se están distanciando socialmente. Pero incluso dentro de la dinámica de las metrópolis, el reparto de estos extraordinarios beneficios económicos está muy sesgado. Los nuevos triunfadores no son ni capitalistas ni trabajadores normales, son aquellos que tienen una buena educación y nuevas habilidades. Se han constituido en una nueva clase; se conocen en la universidad y desarrollan una nueva identidad compartida en la que la estima proviene del talento. Incluso han desarrollado una moralidad distintiva.

P. ¿Experimentan el síndrome del declive?

R. El síndrome del declive empieza con la pérdida de los trabajos satisfactorios. La globalización ha desplazado mucho tipo semicualificado a Asia, y el cambio tecnológico está eliminando a muchos otros. La desaparición de estos empleos ha repercutido con especial virulencia en dos grupos de edad: los trabajadores mayores y aquellos que intentan encontrar su primera colocación.

Paul Collier, autor de El futuro del capitalismo y el Club de la miseria.

P. ¿Son los más golpeados los jóvenes?

R. Las encuestas muestran un nivel sin precedentes de pesimismo juvenil: la mayoría espera tener un nivel de vida peor que el de sus padres. La principal credencial del capitalismo, esto es, mejorar el nivel de vida para todos de forma ininterrumpida, ha quedado en entredicho, pues mientras sí ha cumplido con algunos, ha ignorado a otros.

Poner fin a los extremos

P. Frente a este nuevo panorama, ¿cómo respondieron desde la vereda política?

R. Si bien tanto los ideólogos como los populistas crecen gracias a las ansiedades y a la ira generadas por las nuevas grietas, ambos se muestran incapaces de abordarlas. Estas grietas no son repeticiones del pasado; son fenómenos nuevos y complejos. Pero en el proceso de poner en práctica sus apasionados remedios de curanderos, estos políticos pueden causar un daño enorme.

P. ¿Dónde mirar entonces en pos de la ansiada pócima salvadora?

R. Aunque existen soluciones viables para el perjudicial proceso que se está dando en nuestras sociedades, no se obtienen de la pasión moral de una ideología ni del salto irreflexivo del populismo. Se desarrolla a partir del análisis y las evidencias y, por lo tanto, requiere la sangre fría del pragmatismo.

P. El pragmatismo no goza de buena prensa, para evitar malentendidos, ¿qué debemos entender por esta corriente de pensamiento?

R. El pragmatismo tiene dos enemigos: las ideologías y el populismo, y ambos aprovecharon su oportunidad. Las ideologías, tanto de derechas como de izquierdas, afirman que el contexto, la prudencia y el razonamiento práctico pueden sortearse con un análisis universal que arroje verdades válidas para todo contexto y momento. El populismo realiza un rodeo alternativo, con unos líderes carismáticos con remedios tan obvios que se pueden entender al instante. Con frecuencia, los dos fusionados se vuelven aún más potentes; así, ideologías que en su momento fueron desacreditadas, son renovadas con líderes apasionados que venden nuevos y tentadores remedios.

P. ¿Remedios que acaban ocasionando qué?

R. Todas las ideologías predicadoras se basan en el odio hacia otra parte de la sociedad, y son callejones sin salida directos al odio.

P. Para finalizar y dada su vasta experiencia y conocimientos, ¿qué les puede recomendar a las sociedades latinoamericanas?

R. Las sociedades pobres tienen que alcanzar a las ricas. Para hacerlo, necesitan de las ricas lo que nosotros tenemos y ellas no: empresas que hagan a la gente productiva. [T]

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