miércoles, febrero 24, 2021
REVISTA INTERNACIONAL DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS, MEDIACIÓN, NEGOCIACIÓN Y DIÁLOGO
PUBLICACIÓN TRIMESTRAL DEL INSTITUTO DE MEDIACIÓN DE MÉXICO

Argentina agrietada

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Una mirada desde varios ángulos para dar cuenta de la polarización, que tiene en Argentina, su propio término para definirla: la grieta.

• Por DOLORES AYERDI
Jefa de Gestión y Manejo de Conflictos de la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires. Directora de Coordinación Regional y Delegada Regional en la Provincia de Buenos Aires del Centro Internacional de Estudios sobre Democracia y Paz Social (CIEDEPAS).

Al pensar en una grieta, la imagino en un paisaje árido, terroso y hasta rojizo, vista desde un dron que se va acercando a una velocidad ni demasiado lenta ni demasiado rápida. La veo desde arriba, separando claramente dos porciones de suelo, dos campos bien delimitados. Lo que no alcanzo a vislumbrar es el límite de sus extremos. Ese intersticio oscuro me provoca curiosidad y ganas de que el dron se meta allí para hurgar qué se esconde ahí debajo.

Mirando la grieta

¿Pero qué es la grieta para las argentinas y los argentinos? ¿Cómo la entendemos en el contexto sociopolítico, económico y cultural? ¿Cuándo empezó? ¿La pandemia la profundizó? ¿Es posible escribir sobre la grieta si se está de un lado o de otro? ¿Podemos no ubicarnos en ninguno de esos dos lados? ¿Qué pasa entonces? ¿Somos tragados por ella por tibios y tibias, o podemos sobrevolarla desde una distancia óptima?

Escribir este artículo me genera muchas preguntas como estas pero también otras, respecto a la propia escritura, como iniciar o no la palabra con mayúscula, como si este fenómeno mereciera la categoría de nombre propio. A la vez, debo acotarme a algunos de sus aspectos porque entiendo que implica una complejidad de la que no podré dar cuenta aquí, no solo por una cuestión de extensión sino por falta de claridad en muchos puntos. Sí me interesa hacer un vuelo rasante sobre su complejidad, entendiéndola como algo particular de Argentina y como algo en el marco de un fenómeno mundial.

La Grieta (sí, me decido a elevar su categoría) parecería ser una marca registrada de la polarización para la Argentina. Antagonismos históricos que son parte del ADN de nuestro país y que quizás encontraron su expresión inicial en Unitarios vs. Federales para luego extenderse a peronismo-antiperonismo, Boca-River, pañuelos verdes-pañuelos celestes, Maradona sí-Maradona no, solo para dar cuenta de algunas de las tensiones de diferente orden que van marcando nuestra historia y nuestro pulso.

“La Grieta tiene que ver con la intolerancia, la discriminación, la pérdida del respeto por quien piensa diferente, el desinterés por escuchar a ese otro con visiones que no coinciden con las propias”

En Argentina el enfrentamiento social estuvo muy condensado políticamente a través de dos grandes partidos que supieron expresar muy bien esas dos representaciones de las clases populares y las elites. Pero no siempre los antagonismos se gestionaron a través de la política, las instituciones o de los partidos en la lógica del diálogo y del consenso. Sobre todo, en democracias jóvenes e inmaduras como las latinoamericanas, esas tensiones muchas veces encontraron en la violencia su máxima expresión. Podemos citar algunos ejemplos: el golpe de Estado cívico-eclesiástico-militar de 1955, la lucha armada y la violencia política en los ’70 con la dictadura militar más terrible y sangrienta de nuestra historia, el estallido social por la grave crisis política, económica, social e institucional en 2001 durante el cual la Plaza de Mayo volvió a ser escenario de una violencia inusitada que se cobró la vida de muchas personas y tuvo como corolario la renuncia del entonces Presidente Fernando de la Rúa, los asesinatos de los militantes sociales Kosteki y Santillán seis meses después, en un contexto de profundización de esa crisis y durante una movilización masiva duramente reprimida por las fuerzas de seguridad, y la lista sigue…

La Grieta se manifiesta también a través de microviolencias. La Grieta tiene que ver con la intolerancia, la discriminación, la pérdida del respeto por quien piensa diferente, el desinterés por escuchar a ese otro con visiones que no coinciden con las propias, la cerrazón a incorporar nuevas perspectivas, no habilitarse a poder disentir con los discursos radicales a los que alguna vez adherimos, la hostilidad cada vez más recrudecida en las redes sociales.

El peso de La Grieta tuvo sus fluctuaciones en los últimos diez años: en algún momento, ciertas treguas posteriores a las elecciones apaciguaron un poco las diferencias. En otro, se sacó rédito a esa brecha, para definirse como espacio político a partir de aquello en lo que no se parecía en nada ni quería parecerse al otro. Hubo temas que despertaron sensibilidades, como las políticas de ampliación de derechos y las políticas de derechos humanos que en mayor o menor grado volvieron a revolver cuestiones no resueltas.

Dos hitos

Me interesa destacar dos hitos que operaron como catalizadores de La Grieta en los últimos años. El primero, que puso más en evidencia esta división irreconciliable entre dos sectores sociales con proyectos de país completamente distintos, se dio en 2008 durante el conflicto del gobierno de Cristina Fernández con el campo por el tratamiento de la ley que modificaba las retenciones a las exportaciones de soja. La confrontación entre los sectores urbanos saliendo a la calle y los sectores rurales cortando las rutas, además de las consecuencias al interior del gobierno y azuzado por estrategias de comunicación por parte de los medios (oficialistas y no oficialistas), generó una necesidad de posicionamiento de toda la sociedad que luego fue permeando, casi por capilaridad, en todas las lógicas de convivencia cotidiana, instalándose como una forma de identificación. Vos, ¿de qué lado estás?

El segundo episodio es el de la pandemia por la Covid-19 otro vigoroso revelador de La Grieta. En un contexto de fuerte crisis mundial, recesión, incertidumbre, desempleo, vulnerabilidad sanitaria, millones de muertes, desigualdades profundizadas, aparecieron en escena aquellos a favor de la cuarentena y los anticuarentena, los que apoyan la vacuna y los antivacuna. Creo que esto nos generó un alto costo como sociedad, porque la gestión de la pandemia tuvo idas y vueltas a causa de las presiones de algunos sectores de la sociedad que se estaban peleando por cuestiones políticas e identitarias, sin pensar en el bien común. De todos modos, el resto del mundo no escapó a los efectos reveladores de la pandemia. ¿Por qué la gestión de la pandemia generó tanto debate? Claro está que en el contexto en el que se desencadenó está fuertemente marcado por la influencia de las redes sociales como espacio de acción colectiva y de acción política, la era de la hipercomunicación y la posverdad. Otra vez, el Vos, ¿de qué lado estás?

Lo estructural, lo psicosocial y lo mediático

A modo de paso rápido por el tema, el periodismo no escapa a los binomios antagónicos con narrativas fuertemente polarizantes. El término grieta, supuestamente acuñado por un periodista de altísima repercusión y fuertemente opositor al gobierno kirchnerista, fue tomado luego por uno y otro bando para adjudicarle al opuesto la responsabilidad en esa distancia insalvable que había generado la Grieta. Lejos de generar espacios de terceridad que trabajen para desactivar la bomba de la polarización, los medios de comunicación también son responsables de ella.

Dejo en el tintero hablar de la desconfianza como una lógica de interacción social que nos pone en alerta y opera en favor de la polarización. Y de la cultura. También, pensar La Grieta como una guerra de representaciones. Nadie se pregunta quién es el otro, ¿cómo es?, ¿qué hace?, ¿qué necesita? ¿Cuánto hay de mi representación cultural en esa construcción peyorativa de ese otro que me obstruye la posibilidad de verlo?  Esta es una kirchnerista que vive del Estado, Este es un gorila. ¿Cómo desandar esas representaciones?

“Otro plano de La Grieta (quizás sea otra grieta), que tiene que ver con las desigualdades estructurales, con las múltiples violencias de las que son objeto millones de personas producto de políticas públicas deficientes”

Me gusta pensar la polarización en los términos en los que la están planteando algunos colegas, es decir, como un proceso psicosocial que no se limita a lo político, porque allí encuentro una posible ventana para explicar cómo es que La Grieta opera u operó tan fuertemente en la sociedad, aun poniendo en riesgo nuestros vínculos más cercanos, generando distanciamiento en las familias, entre amigos y amigas, en el siglo XXI poniéndose el traje de Grieta, o en el siglo XX a través de la dicotomía peronistas-antiperonistas, por ejemplo.

Pero a la vez no sé si esa definición da respuesta a otro plano de La Grieta (quizás sea otra grieta), que tiene que ver con las desigualdades estructurales, con las múltiples violencias de las que son objeto millones de personas producto de políticas públicas deficientes que durante décadas no han sabido dar respuesta a sus demandas.

No importa el nombre que lleve, lo que sí importa es la falta de interés por un OTRO legítimo, ya sea en el plano de las relaciones sociales, de la convivencia y de los vínculos, ya sea en el plano del reconocimiento y el acceso a derechos por parte del Estado para todos y todas, pobres, ricos, maradonianos, antimaradonianos, aborteras, provida, mujeres, hombres, travestis, trans, bosteros o gallinas, macristas o kirchneristas. [T]

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