jueves, septiembre 23, 2021
REVISTA INTERNACIONAL DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS, MEDIACIÓN, NEGOCIACIÓN Y DIÁLOGO
PUBLICACIÓN TRIMESTRAL DEL INSTITUTO DE MEDIACIÓN DE MÉXICO

Cuarta ola de la justicia restaurativa, un grito agudo a los cuatro vientos

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La justicia restaurativa está haciendo camino al andar. La primera y la segunda ola se enfocaron en el tratamiento del daño; la tercera, se ofrece como una filosofía de vida; y la cuarta, reconoce la interdependencia y aboga por la colaboración.

  • Por CELIA PASSOS, investigadora y docente, abogada y mediadora con formación psicoanalítica, doctora en psicología social.

Para que no digan que no hablé de flores, es el título de la canción de Geraldo Vandré, que se convirtió en el himno de la lucha por la democracia en Brasil en los años 1968, durante el período de la dictadura militar. Hoy, esta misma canción, puede ser una fuente de inspiración para vencer esa inmensa y sin precedentes crisis sanitaria, económica, financiera, climática/ambiental y (falta de) sentido y de valores.

¿Y por qué?

Pues, porque vivimos tiempos en que se monetiza la salud, se precariza la educación, se normalizan las violencias, se nutren las oscilaciones, se estimula la polarización, las matanzas, los fundamentalismos, los fanatismos, la corrupción, el desgobierno y las fragmentaciones del tejido social.

En realidad, la pandemia, ha develado las inestabilidades, las incertidumbres, las discontinuidades; ha revelado las tensiones, las violencias y las divergencias, y ha agravado las polarizaciones ya existentes.

Se naturalizó más de cuatro millones de muertes en el planeta y más de quinientas cincuenta mil muertes en Brasil. Este escenario aterrador no es una realidad presente solo en Brasil, sino también, en Latinoamérica y en muchos países del mundo. No hay duda que la profunda desigualdad es la fuente y el granero de la discordia y la violencia. Es cierto que no se maneja la violencia con más violencia. Ya no se puede mantener la paradoja de pretender detener la violencia con el uso de violencia.

Nos creemos individuos (separados), pues no lo somos, al contrario, somos frágiles y permeables; somos afectados y provocamos afectos; somos interdependientes e interconectados, así como todos los seres sintientes.

Fuimos forjados por el patriarcado, por el colonialismo predatorio, por la división, la exclusión y la idea de separación, creando competencia y conflictos. Actuamos conforme modelos mentales, influenciados por la cultura, la política, la economía, las religiones, entre otros factores. Estamos impregnados de prejuicios, creencias, valores, que nos alejan de los demás. Así, no somos tan libres para tomar decisiones como creemos.

Nadie en este planeta vive solo. El pensamiento lineal ya no es suficiente para dar cuenta de la complejidad humana y las relaciones entre los humanos, sus articulaciones y agenciamientos. Ese escenario poco alentador desvela las grandes contradicciones entre nuestros deseos y acciones (u omisiones), nuestras palabras y prácticas. Somos forzados a mirar de frente nuestras motivaciones y buscar coherencia.

“Son tiempos que exigen cambios profundos y mudanzas verdaderas. No se trata ya de saber quién somos, quién es el otro; sino más bien, cómo deseamos convivir, en qué deseamos convertirnos y cuál es el camino que debe ser recorrido”

Si por un lado la miseria humana fue desvelada, por otro, se ha despertado, al menos en algunos, la conciencia profunda sobre el sentido y significado del ser humano, de qué significa ser un ser social y gregario, y de la urgencia de cambios en la forma de ser, estar y convivir en el mundo.

Son tiempos que exigen cambios profundos y mudanzas verdaderas. No se trata ya de saber quién somos, quién es el otro; sino más bien, cómo deseamos convivir, en qué deseamos convertirnos y cuál es el camino que debe ser recorrido. Los cambios son necesarios y hay muchos desafíos.

La física cuántica nos enseña que estamos entrelazados. Somos partes enteras de un todo mayor y tomar consciencia de eso nos pone delante de muchos retos para lograr un gran salto entre lo que hacemos y lo que necesitamos hacer para generar el cambio efectivo en nuestro modo de pensar y de responder al conflicto.

Eso impone responsabilidades e impide las escusas para mirar la crisis política, económica, sanitaria, ecológica/climática actuales sin que los activistas sociales (restaurativistas, transformistas, entre otros), puedan silenciarse ante las disparidades, las desigualdades y las violencias estructurales, culturales y sistémicas presentes en todo el planeta.

Idea vanguardista

La justicia restaurativa no habla por sí misma. Son muchas las voces que la definen. Así, parece importante tener en cuenta que la justicia restaurativa está constituida por múltiples facetas. Ella se está expandiendo, profundizando, viene ganando nuevos contornos y resurge con nuevos significados.

Sin embargo, es necesario abrir espacio para múltiples y nuevas percepciones de la realidad, incluso comprender que cada uno viene de un lugar diferente, que son sujetos sociales singulares –cada uno “desempeñándose” conforme a hábitos, historias, cultura, preocupaciones particulares y distintas miradas–. Cada uno tiene su visión de mundo y comprende la justicia restaurativa de diferentes formas y, toda esta diversidad, debe ser tomada en cuenta cuando uno piensa en la justicia restaurativa.

Uno puede reconocer cuatro olas o movimientos en la justicia restaurativa. Las dos primeras están conectadas con el tratamiento del daño y comprenden alternativas al sistema punitivo-retributivo, en el intento de instaurar un nuevo paradigma para responder al daño, la ofensa, las pérdidas y los dolores psíquicos, emocionales, financieros y físicos causados por acción de alguien, con la inclusión de la familia y la comunidad.

La tercera ola trae una nueva perspectiva, alcances y desafíos al proponer que la justicia restaurativa sea una filosofía de vida –un modo de ser, estar y convivir en el mundo–.

Finalmente, la cuarta ola, nos insta a todos/as a comprender el escenario actual como un grito agudo y profundo por la justicia social y la restauración de las relaciones tan desgastadas, polarizadas y conflictivas, agravadas con las crisis sanitaria, económica, política y ecológica que vivimos.

Esta cuarta ola surge de la comprensión de la profunda interdependencia e interconexión que emerge de la profunda conciencia social. Es una onda basada en la presencia, el pensamiento integrador y la visión fractal. Trae la consciencia de que, aunque aparentemente separados, individualizados, somos permeables. Partes enteras de un todo mayor.

La comprensión de esto proviene de la visión fractal. Los fractales son estructuras autosimilares presentes en el origen de la existencia humana, siendo el ser humano una estructura fractal en la que las partes separadas (humanos) contienen todas las huellas del todo completo. La conciencia permite comprender, predecir, influir mediante la integración de diversos tipos de información más allá de la situación presente, permitiéndonos así reflexionar sobre el pasado y conectarnos con acciones futuras. En un nivel más profundo, la conciencia anima a todos y cada uno a asumir la responsabilidad (individual y colectiva) de todo y de todos.

Este es un desafío aún mayor en términos de comprender la justicia restaurativa y el grado de influencia que cada uno genera sobre el todo inspirador. Dependiendo del tipo de influencia, las acciones integradoras se vuelven poderosas para sostener la unidad en su conjunto.

Al estimular la tomada de conciencia de nuestra inmensa interdependencia e interconectividad, la justicia restaurativa nos pone a todos y a cada uno delante de la conciencia de que la colaboración y la ética del cuidado son los únicos caminos que nos pueden garantizar la supervivencia.

Ahora resta reconocer la necesidad de un salto entre lo que uno hace y lo que uno necesita hacer. Todos y cada uno estamos delante de la conciencia de que, aunque aparentemente separados, individualizados, somos permeables y partes enteras de un todo más grande, dando lugar a un nivel más amplio y profundo de comprensión.

Haciendo nuestra parte, tal cual dice la canción, seguimos aprendiendo y enseñando una nueva lección, creyendo que las flores van a ganar al cañón. [T]

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