jueves, febrero 25, 2021
REVISTA INTERNACIONAL DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS, MEDIACIÓN, NEGOCIACIÓN Y DIÁLOGO
PUBLICACIÓN TRIMESTRAL DEL INSTITUTO DE MEDIACIÓN DE MÉXICO

El rol del mediador y las posturas extremas

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• Por NATHALIE NOECHWICZ
Mediadora del Poder Judicial desde 2009 y mediadora del Centro de Mediación Penal de Adolescentes.

Por acción u omisión, hemos estado favoreciendo una humanidad fragmentada en donde, ante ciertas discrepancias, las alternativas parecen reducirse a dos simples opciones excluyentes. La política, el deporte, incluso la familia, da cabida a estas dinámicas polarizantes, en donde vincularnos desde la agresión y la intolerancia ya está tristemente naturalizado.

Este tipo de lógicas antagónicas produce una carga emocional tan intensa en sus protagonistas, que debilita su capacidad de razonamiento y su libertad de acción. Constituye campo fértil para la desconfianza, la estigmatización y el menosprecio por quién se encuentra en el otro extremo, propiciando todo tipo de violencias a todo nivel.

La intervención de terceras personas puede adquirir suma importancia en la gestión de estas conflictivas. En el caso de los mediadores, pretenderemos operar desde la neutralidad como la imparcialidad, para acercar a las partes hacia un diálogo respetuoso y colaborativo. Intentaremos encauzarlas para se hagan visibles una para la otra y poner sobre la mesa la verdadera complejidad con todos sus elementos de análisis, permitiendo que afloren nuevas variables. 

La cuestión es, si la figura del mediador es capaz de ejercer su terceridad eficazmente sin alejarse de los principios básicos del proceso y su ética profesional, cuando tiene un pensamiento fuertemente definido respecto al caso concreto.

Depende.    

Si el mediador es consciente de su idea formada, y esa claridad le permite manejarse desde ese rol con el objetivo de ayudar a las partes a empatizar, flexibilizar sus posturas y guiarlas hacia una negociación colaborativa en busca de su propio acuerdo, dejando de lado su percepción, diría que sí. Incluso, en ciertos casos, puede contar con un alto grado de credibilidad por conocer el conflicto en profundidad, por tener esa movilidad horizontal necesaria para acercar a todos los actores protagonistas, y tal vez podría resultar una opción inmejorable, siempre que también las partes así lo entiendan. 

Sin embargo, si esa idea sólida adquiere un tono más radical, difícilmente el nivel de emocionalidad que le generará al mediador, le permitirá participar con un grado mínimo de objetividad para evitar el juicio o su inclinación hacia uno de los extremos. En este caso, ante un mediador que se encuentra polarizado diría que no sería capaz.

Sin importar el rol que un tercero vaya a asumir, jamás puede perder de vista que la clave está en construir confianza. Construirla y cuidarla. Respecto de sí mismo, respecto al proceso y la confianza mínima entre las partes. Y esa confianza depende en gran medida, no sólo de la capacidad técnica del gestor de conflicto que interviene, sino también de la ética en su accionar.

Para ello debería responder fundamentalmente a tres aspectos:

  • Autoconocimiento. Reconocer y aceptar los valores, las creencias y especialmente las emociones que le despierta la situación en cuestión y su nivel de intensidad.
  • Evaluación. La autocrítica siempre es relevante para continuar aprendiendo y cuestionarnos caminos, pero más lo es el chequeo o la evaluación por un colega o supervisor, de modo que se garantice que no se desvirtúe el rol para el que fue convocado pudiendo generar males mayores.
  • Confiabilidad manifiesta. No basta serlo, también hay que parecerlo. La confianza tiene un aspecto subjetivo, por lo tanto, de nada sirve que el mediador esté muy seguro de lo confiable que es él y su proceso, si las partes no le conceden dicha cualidad.

Estos aspectos a tener en cuenta requieren de una gran humildad y honestidad. No es fácil reconocer que la severidad de un concepto concreto puede transformarnos en víctimas de nuestra propia exaltación y comprometernos en nuestro accionar profesional. Sin embargo, así es, y en ese caso, deberíamos hacernos a un lado o proponernos para un rol acorde al grado de incidencia con el que deseo participar. En cualquier caso siempre resulta imprescindible explicitar ese rol, más allá de los posibles híbridos y matices, desde la honestidad. [T]

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