jueves, septiembre 23, 2021
REVISTA INTERNACIONAL DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS, MEDIACIÓN, NEGOCIACIÓN Y DIÁLOGO
PUBLICACIÓN TRIMESTRAL DEL INSTITUTO DE MEDIACIÓN DE MÉXICO

Estallido social en Chile

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LA SOCIEDAD CHILENA TRAS EL 18 DE OCTUBRE

La autora plantea que una serie de movilizaciones significativas preceden a la gran movilización de octubre de 2019. A partir de ese remezón social los chilenos hacen camino al andar hacia la elaboración de una Nueva Constitución más democrática, inclusiva y participativa

  • Por Rosa María Olave

Directora del Programa de Mediación y Resolución de Conflictos de la Universidad Alberto Hurtado de Santiago de Chile.

La noticia traspasaba las fronteras chilenas… “Chile despertó”, “El estallido social” o la “Revuelta social”. Un país convulsionado a partir del alza de 30 pesos en el metro de Santiago (0,04 de dólar). Esto generó una movilización multitudinaria, liderada por estudiantes secundarios, que fue generando adhesión y masificación a medida que pasaban los días y, al mismo tiempo, era reprimida desproporcionadamente por las fuerzas policiales. Para muchas personas no eran los 30 pesos la causa, sino 30 años de abusos, injusticias y desigualdades.

De un día para otro, el conflicto escaló de manera exponencial. Estado de emergencia, toque de queda, militares en las calles, en medio de graves episodios de violencia, como lo fue, por ejemplo, la quema de numerosas estaciones del metro de Santiago, principal medio de transporte público en la región metropolitana. También el uso desmedido de la fuerza por parte de la policía (carabineros), es decir, una fuerte represión que hacía recordar los tiempos de la dictadura de Pinochet.

Para quienes observaban desde afuera del país lo que sucedía, todo era motivo de sorpresa. También lo era para muchas personas en el propio Chile. Un país que, hacía poco, era calificado por parte del Presidente Piñera, como el país oasis dentro de una América Latina convulsionada, y que gozaba de una democracia estable.

Pese al estado de emergencia y al toque de queda, las protestas masivas continuaban (cacerolazos y expresiones diversas a lo largo del país), impulsadas por distintos sectores sociales y económicos. A una semana del 18 de octubre, se convocó a una marcha a nivel nacional que, solo en Santiago, congregó a más de un millón de personas y se denominó en ese momento, la marcha más grande de la historia de Chile.

Producto de la represión y la grave vulneración de los derechos humanos, diversos organismos internacionales se hicieron presentes, por las graves violaciones que se cometían día a día. Según datos del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), más de 400 personas sufrieron trauma ocular por acciones de represión de la policía, en medio de las manifestaciones, y también se registraron miles de personas heridas y más de 30 muertos.

En esta ola de acontecimientos que se sucedían uno tras otro, una pregunta rondaba la mente de los chilenos/as: ¿Qué había tras el 18 octubre? La respuesta era coincidente: una crisis tanto social como política que se venía incubando desde hacía bastante tiempo y que finalmente explotó. Un malestar acumulado por años, que tenía episodios de explosión, asociados a problemas relacionados a la educación, las pensiones, la salud, la participación y los conflictos medioambientales. Un rechazo a la clase política y un cuestionamiento al modelo económico. Para el politólogo Juan Pablo Luna, el 18 de octubre se manifestó un movimiento que se venía expresando desde mediados del 2000, aunque más fragmentado y sobre asuntos específicos. Había  espacios de protesta fuerte y resistencia anti-sistémica. Y todo esto se articuló y cuajó el 18 de octubre.

Diversos conflictos se manifestaron en distintos momentos, expresados en ciertos hitos, como en 2006 lo fue La revolución pingüina, donde estudiantes secundarios protagonizaron movilizaciones masivas por el derecho a la educación y en respuesta a la privatización del sistema educativo impuesto durante la dictadura en Chile; luego, en 2011, un fuerte movimiento de estudiantes universitarios, caracterizado por su masividad y carácter nacional, irrumpía el escenario social, criticaba un sistema de educación basado en el lucro y esgrimía como sus demandas principales la calidad y la gratuidad de la educación.

En 2018 irrumpió con fuerza el movimiento feminista en Chile (Ola feminista chilena o Mayo feminista) –sintonizada con lo que estaba sucediendo en el resto del mundo, como los movimientos Ni una Menos y Me Too–, demandando un cambio social para erradicar el machismo y el sistema patriarcal, denunciando la situación de desigualdad de las mujeres, cuestionando la educación sexista y planteando la necesidad de visibilizar las problemáticas de género. Para algunas historiadoras y sociólogas, referentes en los temas de género, se trató de la mayor rebelión feminista en la historia del país.

El estallido social y sus efectos

Sin haberlo imaginado, y de manera fulminante, emergieron con fuerza y potencia múltiples procesos participativos y de organización social a partir del 18 de octubre, en distintos lugares y espacios, muchos de éstos autoconvocados, y con la presencia de una amplia base social, que no solo se manifestaba en las calles y los espacios públicos por demandas de mayor igualdad y justicia; sino que se desarrollaban espacios de conversación en torno a la situación del país, los problemas centrales, las posibles vías de solución y la fuerte demanda por protagonismo de los actores sociales. Estos espacios de vinculación social (o revinculación) se apropiaron del espacio público, generaron encuentros de expectativas para construir un país mejor, instalaron en el centro de la discusión la dignidad de las personas como la necesidad de la ciudadanía de ser escuchada y reconocida.

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Surgieron cabildos, asambleas, encuentros en los barrios, las universidades, los espacios laborales y se fueron tejiendo redes poderosas”

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Surgieron cabildos, asambleas, encuentros en los barrios, las universidades, los espacios laborales y se fueron tejiendo redes poderosas, principalmente territoriales, articulándose a las organizaciones sociales, estableciendo alianzas y generando convocatorias que sumaban voluntades para fortalecer el movimiento social en desarrollo.

Las Tesis, su impacto en Chile y en el Mundo

La poderosa canción feminista y el performance del colectivo Las tesis, El violador eres tú, que nace en noviembre del 2020, a un mes de iniciado el estallido, se transformó en un masivo himno en Chile, en cada ciudad, de norte a sur, reuniendo a miles de mujeres, de distintas  edades y clases sociales, denunciando los abusos y las violencias de las que son víctimas las mujeres.

Rápidamente, se replicó en muchas ciudades del mundo y en distintos idiomas. Este evento marcó una nueva etapa para el movimiento social chileno. Así como el 18 de octubre sorprendió al mundo, esta irrupción feminista también lo hizo.

El movimiento generado a partir del colectivo Las Tesis, puso en el centro de la discusión los cuestionamientos en relación a las desigualdades, no solo económicas y sociales, sino que la violencia de Estado ejerce hacia las mujeres.

Irrumpieron en el escenario social nuevas como creativas formas de protesta social, caracterizadas por su transversalidad, masividad y capacidad para expresar la necesidad de profundos cambios en las estructuras sociales.

El acuerdo político y los desafíos

        Nuevo hito: el Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución. Estaba rubricado por la mayoría de las fuerzas políticas del país, abriría el espacio para elaborar una nueva Constitución y permitiría una salida institucional a la crisis del país. El itinerario establecido definió que, durante el mes de abril de 2020, se realizaría un plebiscito para determinar si la ciudadanía estaría de acuerdo o no para iniciar un proceso constituyente para generar una Nueva Constitución y el mecanismo para lograrlo.

Está claro entonces que el 18 de octubre marcó una inflexión. Un estallido que deviene de una serie de explosiones de episodios acumulados y abrió un horizonte posible de cambios como transformaciones estructurales profundos.

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“Un estallido que deviene de una serie de explosiones de episodios acumulados y abrió un horizonte posible de cambios como transformaciones estructurales profundos

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El momento actual y el horizonte

        A  cuatro meses de la llegada de la pandemia a Chile y  de estar en cuarentena durante ese periodo, y de la nueva crisis que se suma a la iniciada en octubre con el estallido social, se pone en mayor evidencia y con gran nitidez los problemas que la ciudadanía colocó en discusión en medio del estallido social.

Las expresiones de reclamo y las protestas ciudadanas, en medio de la cuarentena, ya se hicieron sentir. Ollas comunes para hacer frente a los problemas de subsistencia, provocados por los efectos de la pandemia y los insuficientes apoyos desde el gobierno, expresan la organización, la participación y la solidaridad. El despertar de octubre sigue hoy presente.

Finalmente, varios acontecimientos de relevancia política y social sacuden al nuevamente país solo en una semana.

La aprobación mayoritaria en el Congreso Nacional del retiro de un 10 por ciento de las administradoras de fondos de pensiones (AFPs) –principal herencia de la dictadura de Pinochet–, tuvo la adhesión mayoritaria de la ciudadanía con un 86 por ciento de respaldo.

La irrupción de la fuerza feminista aparece nuevamente, por  demanda de justicia en un caso de la joven que se suicidó tras ser violada, y en medio de la pandemia y la cuarentena, la movilización social emerge poderosamente.

Y está el anuncio que el próximo 25 de octubre se llevará a cabo el plebiscito, postergado por la pandemia, y que necesitará asegurar las condiciones de seguridad y convocar a una amplia participación ciudadana. Sin duda, el próximo 25 de octubre se puede iniciar un nuevo período en Chile, marcando otro gran hito en su historia y abriendo un camino posible para que los chilenos/as  puedan elaborar por primera vez una Constitución de manera democrática y participativa. Si esto sucede, un horizonte esperanzador se abrirá paso.

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Preguntas inquietantes para la transformación de conflictos

Este capítulo en la historia de Chile abre también preguntas y reflexiones al campo de la gestión y transformación de conflictos.

¿Qué desencadenó que un conflicto con raíces estructurales emergiera con fuerza en un momento y no en otro?

¿Cómo en medio de una crisis profunda, donde se pone en cuestión un determinado orden social, se puede contar con instancias de diálogos constructivos y transformadores, donde intervengan terceros para contribuir a un nuevo reordenamiento social?

¿Cómo es posible construir instancias de diálogo en el curso de un proceso de movilización intenso?

En conflictos de raigambre estructural y asimetrías de poder difíciles de remover, donde se evidencia la desconexión entre lo político y lo social, entre la institucionalidad y el mundo social, ¿es posible construir puentes entre las brechas existentes?

Si las soluciones necesitan construirse de manera colectiva y  transitar por las grietas existentes, al interior y entre los grupos sociales, y en contextos de polarización, ¿cuáles pueden ser los aportes específicos de la transformación de conflictos?

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