viernes, noviembre 25, 2022
REVISTA INTERNACIONAL DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS, MEDIACIÓN, NEGOCIACIÓN Y DIÁLOGO
PUBLICACIÓN TRIMESTRAL DEL INSTITUTO DE MEDIACIÓN DE MÉXICO

La transformación del conflicto boliviano de 2019

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El conflicto de octubre-noviembre de 2019, que ocasionó la caída de Evo Morales, dejó huellas profundas en la sociedad. Aquí una propuesta para superar la perenne inestabilidad boliviana.

  • Por Andrés Guzmán Escobari, Especialista boliviano en gestión de conflictos y Magister en Resolución de Conflictos por la Universidad de Ámsterdam.

La crisis político-electoral que vivió Bolivia el 2019 y las narrativas que se construyeron en torno a la misma, hicieron que sea imposible recuperar la estabilidad político-social que tenía el país hasta hace unos años. Esas narrativas profundizaron la sensación de incertidumbre e intranquilidad que pervive en el Estado Plurinacional desde antes del referéndum del 2016, cuando se empezó a discutir la posibilidad de cambiar la Constitución para permitir que los entonces presidente y vicepresidente puedan ser reelectos por segunda vez de manera continua.

Todo ello exacerbado actualmente por el constante intercambio de acusaciones y recriminaciones entre el gobierno nacional y sus adherentes por un lado, y los organismos internacionales y los actores locales que cuestionaron la integridad de las elecciones de 2019 por el otro.

Ante esa realidad, varios sectores del país y del exterior han hecho propuestas para reformar la justicia boliviana, que si bien es una necesidad imperiosa e ineludible, resulta insuficiente para alcanzar una solución integral y duradera al conflicto boliviano que no solo es el resultado de la deficiente administración de justicia, sino también y sobre todo, de las profundas diferencias ideológicas, regionales, culturales y hasta raciales que subsisten en el país.

Por esos motivos, a continuación se esbozan algunas ideas que podrían contribuir a la solución del conflicto a partir de las teorías de la construcción de paz y la transformación de conflictos, formuladas por el sociólogo menonita y estadounidense, John Paul Lederach, en base a los aportes de otros investigadores para la paz. 

Según Lederach, la construcción de paz en sociedades profundamente divididas debe fundarse en tres ejes: 1) los actores de la sociedad, que a su vez están agrupados en tres niveles; 2) la dinámica y calado del conflicto, aplicando el concepto de paradigma anidado; y 3) la progresión del conflicto, que se define en meses, años y décadas.

A diferencia de la típica visión marxista que divide la sociedad en dos clases: burguesía y proletariado; el primer eje de Lederach divide la sociedad en tres niveles: 1) el de los máximos líderes que incluye a gobernantes y actores políticos de alta visibilidad (cúspide de la pirámide); 2) el de los dirigentes del nivel medio, que en este caso podrían ser los líderes de los comités cívicos y los movimientos sociales (centro de la pirámide); y 3) el de los líderes populares (vecinales) que junto a toda la demás población, son el segmento social que más sufre las consecuencias del conflicto (base de la pirámide).

Para Lederach cualquiera de los tres niveles puede contribuir a transformar el conflicto, en el sentido de pasar de un contexto de paz y conflicto latente, a un contexto en que se pueden desarrollar negociaciones y relaciones dinámicas porque las partes reconocen su interdependencia, entendiendo que no pueden imponer su voluntad ni eliminar a los otros. En ese sentido, si bien todos los niveles pueden contribuir a transformar el conflicto de manera individual o combinada, Lederach también destaca el potencial que tiene el nivel medio por su rol articulador entre los de arriba y los de abajo, y por su consiguiente capacidad para establecer una infraestructura adecuada para la construcción de paz.

En el segundo eje, que tiene que ver con el análisis y la comprensión del conflicto, se aplica lo que Lederach llama el paradigma anidado, que permite considerar por separado pero en un mismo esquema, las cuestiones más limitadas y los aspectos más amplios de la construcción de paz. Se trata de un esquema de varios círculos, unos dentro de otros, en el que el más grande, que incluye a todos los demás, representa al sistema social (primer círculo) en el que se desarrollan los subsistemas (segundo círculo), las relaciones de los actores (tercer círculo) y la cuestión que provocó la crisis (cuarto círculo), que viene a ser el círculo más pequeño.

En nuestro caso, podríamos esquematizar el primer círculo, correspondiente al sistema social, con la identificación de los elementos estructurales de polarización que dificultan el entendimiento y la reconciliación (izquierda v. derecha, masistas v. pititas, golpe v. fraude, collas v. cambas, Whiphala v. Patujú); el segundo círculo del subsistema, donde se debe construir la infraestructura de la resolución del conflicto, podría estar dado por la justicia y los espacios de diálogo (talleres, comisiones y campañas de socialización) que son propios del segundo y tercer nivel de la sociedad; el tercer círculo de las relaciones sociales, podríamos representarlo con los vínculos entre oficialismo y oposición (primer nivel), comités cívicos y movimientos sociales (segundo nivel), y grupos de la sociedad no organizada de uno y otro lado (tercer nivel); y finalmente, el cuarto círculo, el de la cuestión que provocó la crisis, podría estar representado por el debate sobre admitir más de una reelección continua, en una primera instancia, y por el desconocimiento del gobierno nacional al resultado del referéndum de 2016, que negó la posibilidad de una segunda reelección continua para las dos máximas autoridades del país, en una segunda instancia.

Respecto al tercer y último eje, el de la dimensión temporal, Lederach aduce que existen cuatro momentos en la progresión de un conflicto: 1) la propia crisis, donde se requiere una intervención inmediata para detener la violencia (2 a 6 meses); 2) la preparación y formación de las partes, cuando generalmente se alcanzan los acuerdos de paz y reconciliación (1 a 2 años); 3) la reflexión y cambio social, que es el momento en que se empieza a imaginar un futuro compartido y a consolidar la transformación del conflicto (5 a 10 años); y 4) la visión generacional, en el que se redefinen las relaciones entre las partes, se adoptan medidas preventivas para evitar el resurgimiento de la crisis y se curan las heridas mediante diversas expresiones culturales (˃ 2 décadas).

Al respecto, teniendo en cuenta que los hechos de violencia se desarrollaron entre septiembre y diciembre de 2019, se podría considerar que ese fue el periodo de crisis en este caso (4 meses), y considerando además que en agosto de 2021 el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de la CIDH emitió un informe sobre estos mismos hechos que fue aceptado y reconocido por las partes en conflicto, también podríamos considerar que ese es el acuerdo de paz y reconciliación en este caso, que vendría a marcar el fin del segundo periodo, referido a la preparación y formación (1 año y 8 meses).

En ese sentido, ahora estaríamos ingresando al tercer momento, el de la reflexión y el cambio social, que debería consolidarse en unos años más con la aplicación de las recomendaciones del GIEI, en cuanto a reformar la justicia y a realizar investigaciones adecuadas, oportunas y exhaustivas sobre las vulneraciones a los derechos humanos registradas entre septiembre y diciembre de 2019. Pero para que todo eso sea posible, no solo es necesario considerar los aspectos jurídicos y los hechos de violencia, sino también los aspectos metodológicos y sistémicos a los que se refiere Lederach, que tienen que ver con las narrativas, los discursos, las expectativas y la forma en que nos vemos los unos a los otros, para poder llegar a soluciones verdaderamente efectivas y sustentables en el tiempo. [T]

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