jueves, febrero 25, 2021
REVISTA INTERNACIONAL DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS, MEDIACIÓN, NEGOCIACIÓN Y DIÁLOGO
PUBLICACIÓN TRIMESTRAL DEL INSTITUTO DE MEDIACIÓN DE MÉXICO

Polarización y resolución de conflictos en Chile

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La polarización también se asentó en Chile, pero solo si el diálogo se cruza de manos, persistirá en vez de encontrar un cauce de encuentro y consenso. La autora presenta ese camino.

• Por CATY MARIBEL METAYER CÁRDENAS
Mediadora familiar en el CREA de la Universidad Católica de Temuco, realiza mediaciones comerciales en el Centro de Arbitraje y Mediación de la Cámara de Comercio de Santiago (CCS) y es Directora del Colegio de Mediadores de Chile.

Actualmente Chile experimenta un proceso de cambio sociopolítico que se visibilizó con el estallido social del 18 de octubre de 2019. Entonces se generó un quiebre que puso de manifiesto diversas demandas que exigen los chilenos: derecho a viviendas accesibles y dignas; a una atención de salud integral, donde se dé solución a diversas patologías; a una educación de buena calidad; a un salario justo y equitativo; y a jubilaciones justas para quienes trabajaron toda la vida, entre otras.

Si bien es cierto que estas son demandas de la gran mayoría de los chilenos, cabe destacar que cobraron protagonismo los pueblos indígenas, el colectivo LGBT y otros grupos y gremios, que buscan reconocimiento dentro de un marco legal.

Estos grupos buscan la oportunidad de participar en la redacción de la nueva Constitución, ya que es una instancia para que sus demandas sean visibilizadas.

El magnetismo de la polarización

Sin embargo, lo anterior parece muy difícil de llevar a cabo por el fenómeno de polarización que se generó desde el momento en que estalló el descontento de las masas. Esta polarización se desarrolló y visibilizó a través de acalorados debates por redes sociales y otras instancias comunicativas, principalmente.

Por un lado, hay quienes son pro-estallido social y que validan todas las demandas de quienes manifestaron su descontento y sus peticiones. Desde la perspectiva política son clasificados dentro de las ideologías de izquierda.

Por otro lado, están los anti-estallido social que insisten que Chile estaba bien y que no era necesario protestar por nada. Porque perciben a Chile como un país en vías de desarrollo y que mejoró exponencialmente durante las últimas décadas. Afirman que quienes protestan solo lo hacen por resentidos. Ellos están asociados a ideologías de derecha.

Ambos grupos, con sus respectivas tendencias bien marcadas, crearon una situación de polarización. En este caso, quienes tienen una postura intermedia entre los dos polos son invisibilizados. (1)

La polarización es un proceso psicosocial en que las posturas ante un determinado problema se reducen a dos esquemas opuestos y excluyentes (2). En el caso de la polarización en Chile, hay una postura que está a favor de un cambio en las políticas socioeconómicas, y otra que está en contra, pues no hay justificación para que haya un cambio en un país que estaba en vías de desarrollo.

El problema de la polarización es que acercarse a una de aquellas posiciones implica necesariamente rechazar las ideas y a las personas del otro bando. Se reduce al polo contrario a un sector de ideas simplistas y generalizadas. Además se ve al otro grupo de forma hostil y como una competencia y amenaza a los ideales de lucha del propio grupo. Esto provoca una ruptura y genera un abismo que separa ambos grupos.

En este punto y con los antecedentes detallados: ¿cómo redactamos una nueva Constitución? ¿Cómo llegamos a consensos para construir el futuro de nuestro propio país en democracia?

Nos encontramos en un punto en que el conflicto nos enceguece, en que abrazamos tan vehementemente nuestro bando que no queremos creer que el otro polo puede tener algo de razón. Si no nos identificamos con alguno de los bandos, podemos ser tildados de tibios o incluso el magnetismo de la polarización es tan intenso que nos pueden hacer desaparecer si tenemos ideas conciliadoras, intermedias o incluso democráticas.

Sin embargo no es cierto que vivamos en un universo de polaridades. No solo existe la luz y la oscuridad, sino que también hay gradaciones intermedias. Es en este punto en que se puede proponer una solución a esta polarización.

Para encontrar solución a los conflictos y a las diferencias de opinión, hay que buscar formas de comunicarse que favorezcan la cooperación y los puntos en común entre ambos grupos. En estos procesos puede ser de ayuda utilizar estrategias para establecer diálogos que eviten tensiones entre distintos grupos, que les enseñen a trabajar de forma colaborativa, favoreciendo el respeto por la diversidad y la flexibilidad.

Para encontrar solución a los conflictos y a las diferencias de opinión, hay que buscar formas de comunicarse que favorezcan la cooperación y los puntos en común entre ambos grupos

A continuación propongo una estrategia comunicativa para enfrentar la polarización que existe en nuestro país, inspirada en el texto Guía Práctica de Diálogo Democrático (3).

El camino del diálogo democrático

Según esta guía elaborada por PNUD, el diálogo no es sólo una instancia de comunicación entre dos partes; si no que además implica que cada una de las partes  escuche a la otra, de manera profunda y con respeto, con el propósito de lograr un cambio en la medida en que aprenden durante el proceso. Cada uno tiene sus convicciones, pero a la vez entiende las convicciones de los demás. Por lo tanto, debiera haber un reconocimiento del otro, respeto y empatía. De esta manera, puede generarse una transformación en pos de soluciones en conjunto a las problemáticas por las que se discute.

Según la guía de PNUD, el diálogo democrático respeta y fortalece la institucionalidad democrática y busca transformar las relaciones conflictivas para evitar las crisis y la violencia. De esta manera se contribuye a la gobernabilidad democrática.

En concordancia con esta guía, idealmente en primer lugar se debe hacer una exploración para identificar cada uno de los grupos y sus posturas con respecto a una problemática. Esta exploración implica conocer los antecedentes de cada uno de los grupos, qué los motiva, cuáles son sus objetivos y qué les molesta o no entienden del otro grupo, aparte de lograr visibilizar cuáles podrían ser los puntos o intereses en común entre ambos grupos para fortalecerlos.

Luego, debe trabajarse en el diseño de una estrategia y su implementación para que las partes puedan dialogar. Esto implica desde elegir un lugar neutro para que el proceso comunicativo sea lo más ameno posible, hasta elegir muy bien quiénes serán los delegados o representantes de cada grupo que tomarán el lugar de dialogantes, buscando un punto intermedio, ya que deben ser personas líderes, pero a la vez, idealmente personas con sentido de la democracia y de la diplomacia más desarrollados.

El proceso de diálogo implica reflexión y autocrítica, por lo que es recomendable que se realicen dinámicas que favorezcan estas instancias, además de conversatorios y foros que pueden estar apoyados por una parte imparcial o mediadora que estimule como ayude a desarrollar empatía y sensibilización en los dialogantes para lograr avances en la resolución de los conflictos.

Finalmente, es crucial realizar un seguimiento a través de todo el proceso, desde la etapa de exploración, hasta la implementación, con el objetivo de registrar todos los aciertos y desaciertos, para planificar y mejorar los procesos de diálogo democrático en instancias futuras. [T]

BIBLIOGRAFÍA:

(1) AÍN, G. y LOGIOCO, B. (2020). ¿Por qué no un decálogo anti-polarización? La Nación.

(2) MARTÍN-BARÓ, I. (1983). Polarización social en El Salvador. El Salvador: Estudios Centroamericanos ECA.

(3) PNUD (2013). Guía práctica de diálogo democrático. Panamá.

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