jueves, septiembre 23, 2021
REVISTA INTERNACIONAL DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS, MEDIACIÓN, NEGOCIACIÓN Y DIÁLOGO
PUBLICACIÓN TRIMESTRAL DEL INSTITUTO DE MEDIACIÓN DE MÉXICO

Rastros y rostros de la polarización

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  • Por EDUARDO LEAÑO ROMÁN, sociólogo y conflictólogo boliviano. Autor, entre otros libros, de Tierra de fuego. El conflicto autonómico en Bolivia.

Friedrich Nietzsche, uno de los notables filósofos de la sospecha del siglo XIX, con despiadada objetividad sostuvo: Un político divide a las personas en dos grupos: en primer lugar, instrumentos; en segundo lugar, enemigos. Este acierto con el que describe la actitud de los políticos de su tiempo, al parecer aún está vigente en el siglo XXI y se constituye en el rasgo principal de nuestras sociedades polarizadas. Trazar los rasgos de la polarización de nuestra sociedad latinoamericana es el propósito del presente artículo.

La polarización política hace referencia a la relación entre partidos que se caracteriza por la ruptura que existe entre ellos. El surgimiento de esta discordia emerge cuando el alejamiento ideológico, las propuestas programáticas y las prácticas políticas, son radicalmente incompatibles. A fin de hacer inteligible este distanciamiento político conviene asumir la escala izquierda-derecha y, en el siglo XXI, populismo de izquierda y populismo de derecha, como mecanismo que permite ubicar en un eje simbólico a qué organizaciones políticas están más cercanas y cuáles más distantes en relación con ciertos parámetros ideológicos, que son la base de la polarización programática y la práctica política.

Puede identificarse algunas dimensiones básicas de polarización ideológica. En primer lugar, el tema de la intervención estatal, los partidos de derecha mantienen un importante distanciamiento acerca de la intervención del estado en las actividades económicas y en la implementación de determinadas políticas sociales; en cambio, los de izquierda son inclinados a respaldar y favorecer la participación estatal. En segundo lugar, el asunto de la democracia, las formaciones políticas pueden ubicarse entre dos polos claramente diferenciados: por un lado, los que valoran la democracia y apuestan por un modelo en el que se incluya a los partidos políticos y las elecciones como aspectos esenciales y, por otro lado, los que consideran que los partidos y las elecciones no son ingredientes básicos para el funcionamiento de la democracia. En tercer lugar, la cuestión de estipulados valores como son la legalización del aborto y el divorcio, las posturas oscilan entre partidos conservadores que se distinguen por un alto grado de religiosidad y poca tolerancia y los partidos progresistas que proclaman la libertad de los derechos individuales y, simultáneamente, son menos religiosos y poco aferrados a los valores tradicionales. En cuarto lugar, el tema relacionado con la imagen de Estados Unidos, los partidos de derecha en el continente favorecen tener a este país como socio comercial y como socio inversor; en contraste, los de izquierda rechazan estas posturas y se inclinan a favor de China y Rusia.

El asunto referido a las Fuerzas Armadas y su relación con el gobierno, al respecto puede advertirse organizaciones políticas que respaldan a la entidad castrense y sostienen que no se constituyen en una amenaza para la estabilidad democrática; en cambio, en el polo opuesto, puede constatarse partidos menos favorables a la entidad militar.

Una vez en el gobierno, guiados por aquellos presupuestos ideológicos, las organizaciones de izquierda, con el propósito de llevar a cabo sus programas de gobierno, aplican una serie de medidas de intervención estatal como las nacionalizaciones, la creación de empresas del Estado, la implementación de políticas públicas orientadas a favorecer a determinados sectores sociales respecto de temas como salud, vivienda, medio ambiente, educación universitaria, trabajo, seguro de desempleo o cubrir algunas necesidades básicas; contrariamente, los partidos de derecha desarrollan políticas privatizadoras, alientan a que la economía sea controlada por las leyes del mercado y aplican escasas políticas a favor de grupos sociales vulnerables.

Respecto de la democracia, el programa de izquierda busca ampliarla (democracia representativa, participativa y comunitaria) e incorporar a otros segmentos sociales en la representación política (mujeres e indígenas) pero privilegia la hegemonía de un solo partido y la perpetuidad de un caudillo en el poder; mientras que el programa de la derecha se limita a la democracia representativa, le interesa muy poco la participación de otros sectores sociales desfavorecidos pero apuesta por la pluralidad y la alternancia en el gobierno. Los otros clivajes se subordinan básicamente a estas dos dimensiones de la polarización.  

“Tanto la polarización ideológica como la programática derivan en determinadas formas de quehacer político que son comunes a los partidos de derecha como a los de izquierda: cambia el contenido, pero no la práctica política”

Tanto la polarización ideológica como la programática derivan en determinadas formas de quehacer político que son comunes a los partidos de derecha como a los de izquierda: cambia el contenido, pero no la práctica política. Normalmente orientan sus acciones en tres sentidos: en primer lugar, ambos se empeñan en lograr el monopolio de las instituciones estatales, no les interesa acceder al gobierno, más bien pretenden tener el control absoluto de los diferentes órganos de poder, en la perspectiva no solo de conseguir gobernabilidad, sino de lograr la reproducción del poder; en segundo lugar, desde las diferentes entidades de poder se esmeran por favorecer y proteger al caudillo y a su principal entorno; y tercero, desde aquellas instituciones, hostigar, aprisionar y eliminar opositores.

En la democracia polarizada de América Latina, los militantes y simpatizantes de posturas izquierdistas, aplauden, justifican y respaldan las protestas sociales cuando estas se dirigen contra un gobierno derechista (Colombia y Chile); similar actitud puede advertirse en los partidarios y acólitos de ideas derechistas cuando el descontento social cuestiona a un régimen izquierdista (Venezuela, Nicaragua y Cuba).

Unos y otros, atrapados en posiciones insensatas, esperan de manera entusiasta que el desenlace acabe con el gobierno ilegitimo e instaure una democracia verdadera. Algunas veces, las naciones logran sacudirse de los nefastos gobernantes solo para reemplazarlos por autoridades aún más funestas quienes, inmediatamente, instituyen regímenes con rasgos de autoritarismo electoral y un barniz de democracia aparente.

En términos generales, los efectos de la polarización están orientados a obstruir, inmovilizar y descomponer el apropiado funcionamiento del régimen democrático; y en términos específicos, las consecuencias tienden a fecundar partidos antisistémicos. El escenario es más complicado para la construcción de coaliciones legislativas estables y llevar a cabo políticas públicas necesarias, las élites políticas gozan de mayores oportunidades para politizar abiertamente la burocracia o participar en prácticas clientelares que afectan la eficiencia del Estado, se tiende a implementar reformas institucionales dirigidas a restringir libertades, derechos constitucionales o limitar la competencia política, entre otras secuelas.  

Estos son los rastros y rostros de nuestra polarizada sociedad y, al parecer, como sociedad, no estamos haciendo lo suficiente como para dejar de ser instrumentos o enemigos. [T]

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