viernes, septiembre 24, 2021
REVISTA INTERNACIONAL DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS, MEDIACIÓN, NEGOCIACIÓN Y DIÁLOGO
PUBLICACIÓN TRIMESTRAL DEL INSTITUTO DE MEDIACIÓN DE MÉXICO

¿Y qué tal si también nos damos voz?

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La autora, experimentada mediadora, plantea que los mediadores se den voz para escucharse, comprenderse y sostenerse, para intervenir sin ocasionar daño. Y trascender el poder del dominio y el influjo del ego personal.

  • Por GRACIELA FRÍAS OJINAGA, Directora General de Sentit Nobis y Coordinadora Ejecutiva de los Congresos Mundiales de Mediación.

Como mediadores, al participar en procesos de gestión de conflicto, nos situamos entre la realidad de las personas mediadas y ese universo de ideas, deseos, culturas y vivencias, para promover sinergia como adaptación dinámica y creativa encaminada al bien común.

Se trata de regular relaciones, develar intereses y necesidades, detonar conciencia del movimiento interno de las personas y generar espacios dialógicos para la gestión y la convivencia, es decir, promover entornos para dar voz. Tremenda implicación que tiene la propia persona del mediador para lograr intervenciones que incluyan experiencias realmente evolutivas.

La posibilidad de generar procesos de transformación ante el conflicto está entrelazada en la propia estructura de los procesos de mediación, y al andamiaje que surge entre las habilidades sociocognitivas de los mediados y de la persona mediadora misma. Nuestra tarea, entre otras, tiene la intención de abonar en la construcción de entornos para promover la palabra, narrativas, diálogo y búsqueda de convivencia, negociación, integración y restauración de vínculos.

Por supuesto que este camino tiene que ver con valores, con ética, con derechos humanos y emociones, donde los actos conscientes son fundamentales para sumar en la diversidad.

Una propuesta audaz

El objetivo es enfocarnos en nuestra propia persona más allá de un profesional en mediación con conocimientos y capacitación constante, es decir, permitir darnos voz a nosotros mismos, hacer consciente lo propio y desde escenarios auténticos ser capaces de incorporar la academia y la experiencia, ampliar la mirada y ser provocadores de reflexión en otros y otras para generar nuevas historias; con intervenciones donde tenga cabida la compresión, la otredad y la posibilidad de cambio.

Es pertinente tener claro que al trabajar en mediación se pone el acento en las personas, en sus categorías constitutivas y sus relaciones; y este evento nos obliga, nos compromete también, a poner acento en uno mismo, es decir, en el mediador como persona, como un legítimo otro, con una vulnerabilidad que tiene que asumir y hacer consciente para crecer, para aclararse, y poder acomodar sus propias historias de vida, detonando habilidades como el autoconocimiento, la metacomunicación, la intuición, el autocontrol y el autocuidado.

Se requiere de un compromiso consciente profundo que implique la autobservación y la autoevaluación, donde la congruencia entre nuestro pensar, decir y hacer nos de certeza. Recordemos que la congruencia no solo es un valor importante, sino es un detonador desde la visión sistémica para la consecución de resultados. Necesitamos estar convencidos de aquello que hacemos, cómo lo hacemos, y para qué lo hacemos. Nuestra misión a manera de eslabón entre las personas y sus relaciones de cambio constante, de sumas en lo común, y con manifestación de las diferencias, está encaminada a proponer espacios para dar voz, que amplíen horizontes y generen sinergia que conduzca al nosotros.

Tarea apasionante, sin embargo, también complicada, profunda, que implica para las personas mediadoras no solo desarrollar saberes y técnicas, sino esfuerzos reflexivos profundos, y asunción de la conciencia propia, antes que nada. Desarrollar la capacidad de atención, no solo a lo que observamos, interpretamos e inferimos; sino a lo que realmente sucede en nosotros mismos para intervenir desde la alteridad. Revisar nuestra propia humanidad, y reconocernos con otros; percatarnos de los propios límites y respetarlos para evidenciar las posibilidades de cambio que tenemos.

Replantearnos y explorar si la manera de intervención que realizamos coincide con aquello que creemos, que queremos y que somos; si lo que hacemos va en realidad en sintonía a nuestras intenciones, y si éstas respetan genuinamente la de los implicados en los procesos.

Somos con otros, y al darnos voz podemos descubrir lo sustantivo, dejando a un lado los supuestos, las seguridades, y algunas creencias no funcionales, pero que forman parte de lo cotidiano, de la acostumbrado. Cuando nos hablamos podemos reconocer nuestras diversas tonalidades, nuestras profundas emociones, podemos volver la mirada a lo esencial, a lo que nos da sentido, es decir, a lo que queda cuando se evaporan las cosas que creímos básicas y confirmamos que no lo son.

Reconocer la dignidad del conflicto

Más aún en estos tiempos de pandemia y que vivimos circunstancias difíciles, donde la incertidumbre, el miedo, el temor, la injusticia, la pobreza, la exclusión, el fatalismo, la indiferencia, la violencia, el cansancio se develan; y donde lo complicado es imaginar escenarios nuevos, se vuelve indispensable reconocernos y aceptar la existencia de esta gama emociones derivadas de los diferentes momentos que atravesamos, para reconocer su dimensión y regularlas en sentido benéfico. Así, existen condiciones que nos interpelan de manera profunda, donde no es fácil vivenciar el don que significa el conflicto, y la posibilidad de transformación que existe aún en esos contextos.

“¿Cómo acomodar emociones como la culpa, la rabia, la indignación y sus consecuencias?; ¿cómo pasar de la conciencia individual a la conciencia colectiva?; ¿cómo crear un relato de esperanza, de inclusión, de colaboración?, ¿cómo prevenir la violencia?”

Como mencionan Morelli y De Luise, reconocer dentro de uno mismo la dignidad del conflicto y su trascendencia en nuestra experiencia, es el primer paso para captar las oportunidades de cambio y de crecimiento que conlleva… Le debemos respeto al conflicto, así como a la naturaleza, al medioambiente, y solo así podremos con-tener y reducir lo más posible los perjuicios que podemos sufrir del estallido de su fuerza (1).

Honrar el conflicto en su amplia magnitud, y no solo para reducir sus alcances en cuanto al sufrimiento, sino también para entender y pensar en procesos de cambio, donde nos demos cuenta de que, precisamente lo que sucede, genera el desafío de la posibilidad de transformación.

Estamos ante nuevos escenarios de cambios inimaginables en las relaciones humanas; la claridad, la comprensión y la compasión no resultan fáciles y el panorama trastoca nuestra propia humanidad. Sabernos aquí y ahora (en esta contingencia) requiere más que nunca de nuestra atención y autorreflexión, de espacios de soledad y silencio para preguntarnos, para darnos voz y escucharnos; y desde este recinto íntimo clarificarnos y acceder a nuestra sabiduría interna para intervenir de manera respetuosa, significativa, en el intercambio con otros. Lograr acceder y provocar el surgimiento de la sabiduría de las y los otros en nuestras intervenciones.

¿Cómo acomodar emociones como la culpa, la rabia, la indignación y sus consecuencias?; ¿cómo pasar de la conciencia individual a la conciencia colectiva?; ¿cómo crear un relato de esperanza, de inclusión, de colaboración?, ¿cómo prevenir la violencia? La mediación definitivamente es un camino factible, donde el trabajo colectivo facilita el abordaje de los conflictos para el cambio; sin embargo, para ello es indispensable iniciar como mediadores, dándonos voz para escucharnos, para comprendernos, para sostenernos e intervenir sin daño. Asumir la tarea y demandar nuestro derecho de apropiarnos de nuevos saberes, renunciando al poder de dominio y control que nuestro ego propone. Darnos cuenta de que el individualismo, el egoísmo, se convierten muchas veces sin percatarnos en una ofensa para la inteligencia.

Necesitamos avanzar colectivamente, y entender el sentido de interdependencia, dando intención a la fuerza de la corresponsabilidad y, sobre todo, haciendo evidente que sabemos convivir y co-construir en la diversidad. [T]

REFERENCIAS:

  • De Luise, D. y Morelli, M (2020), Reflexiones sobre la mediación en los tiempos del Covid-19; file:///C:/Users/Graciela%20Fr%C3%ADas/Desktop/PA%20LEER/DANILO/De%20Luise%20y%20Morelli%20Reflexiones%20sobre%20la%20mediacio%CC%81n%20en%20los%20tiempos%20del%20Covid-19.pdf

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